Cima del Gorbea y cueva Mairuelegorreta desde el parking de las canteras de Murua

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Una ruta emblemática, que no podemos perdernos, en nuestra estancia en Euskadi, es el monte Gorbea (Gorbeia), con unas vistas sublimes. » Su bonanza en la ascensión lo ha hecho muy popular entre los montañeros vascos que acuden a su cima por todas sus vertientes. Su cruz, que se ve desde casi todos los rincones de la zona, se ha convertido en un símbolo de referencia. Es tradicional la subida al Gorbea, el último y primer día de cada año, juntándose cientos de personas que brindan allí…». Esta aventura nos confiere escenarios dispares, robledal, hayedo, helechos, ríos y cueva y nos permite acercarnos, sin molestar, a bovinos y manadas de caballos Merens y la raza autóctona de Euskadi, el Pottokas. Un autentico paraíso por descubrir.

A continuación, os indicamos el enlace a las recomendaciones de rigor y avisos importantes a tener en consideración, antes de emprender actividades de senderismo, así como la ficha técnica: 

ENLACE A RECOMENDACIONES Y AVISOS IMPORTANTE.

Seguidamente, os dejamos las coordenadas donde aparcamos nuestro coche, parking de las canteras de Murua: 

ENLACE APARCAMIENTO

Nos dirigimos, desde Casa Lafuente, donde nos hospedamos, a las canteras de Murua, para emprender la subida a la cumbre más alta del macizo montañoso del Gorbea (Gorbeia), situado a caballo entre las provincias de Álava y Vizcaya. Su altitud es de 1482m y una cruz de metal corona su cima desde 1899, de la que ha habido varias versiones. La actual tiene 17,23m de altura. La cantera es impresionante. La han transformado en una área de picnic, pero con poca sombra.  

En algunas barandillas y árboles, observamos puntos amarillos que nos indican el camino a seguir. Cruzamos el puente de madera sobre el río Zubialde, nos encontramos con un panel informativo, premisa de lo que podemos hallar en nuestro trayecto.

A la bifurcación, tomamos el sendero a la izquierda, dirección senda de Zubialde y Mairu en paralelo con el río. Remontamos uno de los brazos del arroyo, viendo como discurre el agua, en sentido contrario a nuestros pasos.

«Una alisada ribereña, anegada con las crecidas, da paso a un robledal maduro y frondoso, bajo el que habita un denso sotobosque de helechos y matorrales»

Pronto, percibimos a nuestra izquierda, una de las dos bocas de entrada a la cueva. En esta primera, encontramos un banco y la apertura en forma de embudo, nos deja en el vestíbulo. La segunda boca es la que se puede visitar. Así que retomamos el estrecho sendero hasta el enverjado. 

La cueva de Mairuelegorreta tiene unos 13 km visitables con linterna frontal y está repleta de leyendas.

Las galerías más conocidas son La Capilla, el Zarpazo, Peña Grande o el Pozo del Diablo. A 300 metros de la entrada hay una gran sala que puede acoger a mil personas y todos los años se celebra en su interior un festival de folklore. La vinculación de las Cuevas de Mairuelegorreta con la mitología vasca queda reflejado en su propio nombre (Mairu=Mari) y considerarse una de las dos moradas de la gran diosa. Una cueva en cuyo interior, además, algunas leyendas sitúan un gran tesoro escondido en una piel de buey. (Para visitar el interior de la cueva es necesario un permiso y hacerlo con un guía especializado. No obstante, el visitante tiene la opción de dar un paseo de forma autónoma hasta su boca principal por un paraje de singular belleza)»

(Fuente: alavaturismo).

Tras un corredor, llegamos a unas escaleras que resbalaban, debido al agua. Nos quedamos en esa primera sala y regresamos a la entrada. Impresiona y la temperatura en su interior fresquísima!. Una curiosa y simpática lagartija, nos deja contemplar su peculiar tatuaje azul. Una pequeña subida entre grandes rocas  

El robledal termina siendo dominado por el hayedo, según se asciende. La arboleda se vuelve más tupida y colorea hasta su ombría de un verde luminoso. Algunos hongos pululan en sus troncos. Muchos hitos confirman el buen camino.  

Mientras subimos, observamos entre los helechos, caballos pastando. Alcanzamos un claro y se abre una inmensa ventana a un espectáculo visual, coloreado de rosa y verde y una panorámica tridimensional de los montes adyacentes. 

Cojines de brezos junto a un entrelazado de helechos, nos permiten caminar en un infinito sendero de manera cómoda y agradable, rodeados de plantas e insectos. Una divina biodiversidad que debemos respetar. Desde un poco de altura, divisamos el tapiz con forma de corazón. 

Ahora, iniciamos una subida con más pendiente, que nos depara unas fabulosas vistas. Aquí, pasturan los rebaños, pero son listos y con el calor que hace hoy, se han acurrucado todos bajo los árboles. Seguimos tomando altura a través los pastizales con algunas rocas esparcidas. 

Divisamos a lo lejos, la emblemática cruz del Gorbea. Unos magníficos caballos nos sorprenden con sus crías, junto a la orografía del paisaje, nos ofrecen una tierna estampa bucólica. 

Próxima parada, para nuestro disfrute, el pluviómetro. Esto nos permite gozar de las vistas tan fantásticas que ofrece este parque natural. 

El terreno sigue subiendo, la pendiente se va notando a cada paso, más, pero avanzamos, poco a poco, bajo un sol abrasador. 

En el último tramo, se encuentra una fuente para saciar la sed. Alcanzamos felices, la cima. Entre los barrancos de caliza y con las peñas de la sierra del Amboto de fondo, esta gran colina verde conforma la cumbre de este emblemático monte

Acompañan a la cruz, la Virgen de Begoña, que mira a Vizcaya, un buzón y una mesa de orientación, colocada  el  14 de junio de 1931, con forma de prisma cilíndrico de 0,80 m. de diámetro y 1,18 m. de altura, donde se señalan 106 montes (recoge montes hasta el Pirineo central). Proyecto que se debió a Lucio Lascaray. La cumbre del Gorbea alberga dos vértices geodésicos: uno es la cruz y el otro la mesa panorámica. ( Fuente: Wikipedia)

Un rincón encantador para relajarse y sentirse libre.  Eufóricos, contemplamos las imágenes, que nos ofrece este acogedor enclave, mirador perfecto. No podemos no acercarnos, con respeto, a la manada de caballos que habitan este monte. Ellos también están sufriendo por las altas temperaturas de este dos de agosto del 2022.  

Retomamos la marcha por el lomo de la colina, unos cuervos se distraen con las migas de nuestros bocadillos. . Echamos la vista atrás: la cruz del Gorbea, parece una ínfima aguja.

La bajada es mucho más suave y disfrutamos de unas vistas privilegiadas sobre el embalse de Ullibarri-Gamboa y de todo el valle.

Aunque domina una ligera bruma, las imágenes, que nos depara  el descenso, son espectaculares.

En breve, nos acercamos a un refugio (txabola). Las hayas centenarias confieren un ambiente mágico, ofreciéndonos rincones encantadores. 

La senda se vuelve más pedregosa. El bosque centenario nos vuelve a acoger y nos protege del calor, a esta hora. Alcanzamos otro refugio. 

En poco tiempo, aparece la cantera, transformada en área recreativa desde otra perspectiva. Unos paneles informativos, nos recuerdan las pautas a seguir si nos cruzamos con perros guardianes y rebaños. Estamos en un lugar protegido, el parque natural del Gorbea, que debemos preservar y cuidar. 

Una ruta perfecta para hacer con niños y mascotas. Paraje Natural del Gorbea, balcón privilegiado,  para contemplar esplendidas vistas, conocer su historia y tradiciones, acercarse a la naturaleza con una rica diversidad de vida animal y vegetal. Visita imprescindible. Ver para creer!

Os dejamos a continuación, los enlaces a nuestras fotografías en Facebook, y los tracks de Wikiloc y Relive:

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Hasta la próxima aventurer@s!!!