Subida a Montségur: Último refugio de los Cátaros

Durante nuestro itinerario por Occitania en Francia, no podía faltar la visita a un  lugar emblemático en la historia de esta región: El «Pog» de Montségur.   Una montaña en forma de pan de azúcar que domina una panorámica de valles y pueblos, un enclave privilegiado para contemplar y meditar . Tierra sagrada. Reminiscencias de un pasado. Paseo por la Historia del convulso Medievo. Más que una ruta, se trata de una escapada apta para toda la familia. Esbozaremos los principales trazos de este enclave durante la ascensión a las ruinas del castillo. Para  profundizar en esos episodios, a la vez apasionantes y crueles de la Edad Media, podéis visitar la página de Montségur: www.montsegur.fr/es/home-es/

Nos dirigimos hacia el pueblo de Montségur, antes de llegar a la izquierda, encontraremos indicada la entrada para empezar la aventura. Aparcamos en la misma carretera en un parking. Informar que al principio del recorrido, debemos abonar en taquilla la tarifa que nos corresponda, nos da acceso gratuito al museo del pueblo ( más información en el enlace que os hemos reseñado más arriba).

Tuvimos el privilegio de que nos acompañase Gilbert, nuestro amigo y guía particular, durante nuestro recorrido para contarnos parte de la Historia que esconde esta reliquia del Medievo. 

La bruma envolvente de un día lluvioso nos trasladó todavía más a través del tiempo. Antes de emprender la subida, a la izquierda se sitúa un descampado, lugar sagrado, donde no se permite ni labrar la tierra, ni hacer camping. Se supone que allí fueron quemados en hogueras los últimos cátaros que no quisieron abjurar de su fe. Subimos un tramo con escalones para llegar a la cruz que conmemora dicha masacre. 

Emprendemos una pequeña subida a través de un sendero estrecho y árboles, con barandillas de madera hasta llegar a la cabaña donde nos venden los tickets para poder subir al castillo. 

Ahora, el itinerario se hace en zig-zag, tomando poco a poco altura. en nuestra subida, la meteorología en ese trayecto solo nos dedico alguna ojeada a través de la neblina, para descubrir un valle con vistas espectaculares. 

La senda es cómoda y en algunos tramos unos paneles nos informan sobre la historia del castillo. 

La subida se realiza en unos 20 minutos, pero todo depende del tiempo que dedicamos a las escalas para  contemplar los detalles del entorno. Vislumbramos, esbozándose, los tramos del contorno del castillo. 

Las cumbres de las montañas están con nieve, lo que confiere una sensación térmica de temperatura gélida ayudado con el viento, por suerte nos dejaron gorro y guantes, A nuestra llegada vemos unas escaleras de madera con un balcón que domina el valle. 

Antiguamente, antes de ser destruido por los soldados del rey  Luis IX, aquí se erigía un pueblo con casas de piedras, que demolieron para construir el pueblo de Montségur al pie de este «pog». Al pasar el arco de entrada nos encontramos con una sala inmensa, un patio interior, donde emergen ruinas de escaleras 

Por algunos vestigios de piedras bien asentadas nos podemos imaginar como era, recubierto con sus cubiertas de madera. Pasamos por otra puerta para salir a la parte trasera del castillo. Apreciamos unas vistas mucho más nítidas, debido a que el sol nos hace ciertas tímidas visitas.  

Bordeamos sus altas paredes para detenernos en unas ruinas bien conservadas de una de las casas de esta aldea escalonada,  desaparecida.

Cogemos unas escaleras para alcanzar lo alto del castillo. En este lugar en concreto, sobresalen las piedras de la antigua fortificación anterior a los bloques que los tapiaban.  

Seguimos por una pasarela y al final aparece una pequeña estancia, donde durante el solsticio de verano,  se dan cita multitud de gente para ver el llamado «radio rojo». En ese momento, la luz del sol atraviesa los ventanucos de la torre del homenaje de parte a parte, aunque estén desplazados,  marcando, según la leyenda, el lugar donde se encuentra el tesoro de los cátaros.

Nos desplazamos nuevamente hacia la entrada trasera para contemplar vistas fantásticas de este lado del castillo y de los pueblos de este maravilloso valle. 

Solo nos queda regresar por el mismo camino, no sin antes, respirar el ambiente tan singular del lugar y presenciar el contraste de la subida con el valle arropado de nubes con el de este mismo en la bajada, iluminado por rayos de sol, con el pueblo de Montségur al descubierto. 

El castillo queda también esplendido a nuestras espaldas, sin perder su halo de misterio. 

Un último vistazo a este enclave histórico y volvemos al parking. Nuestros agradecimientos  a Gilbert por dedicarnos su tiempo y acompañarnos a nuestra excursión, aunque en un principio la meteorología no era muy buena, fue perfecto. Mercés.

El pueblo de Montségur se encuentra muy cerca, cabe la posibilidad de visitarlo, así como su museo. Nosotros por falta de tiempo, no lo hicimos. Pero hemos prometido regresar muy pronto para completar muchos y preciosos recorridos. 

Os encomendamos como siempre, si la ocasión se os presenta, visitar esta fantástica región , con sus  innombrables castillos y su abanico de posibilidades.  Os invitamos a que ojeéis nuestro diaporama de esta escapada en Youtube, con el himno cátaro «Lo Boièr»: 

Encontraréis nuestras fotografías en el Facebook de rutas para todos en el siguiente enlace: 

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Hasta la próxima aventurer@s!