Muro de Alcoi: La “Font del Baladre” – “Penya del Frare”- “Font de l’Anficosset” y Poblado de Edad de Bronce.

La magia del agua nos ha acompañado en muchas de nuestras escapadas, bien sea a través de  cascadas, de fuentes o manantiales naturales o domadas por las personas, de balsas, charcos, ríos, o incluso cuajada en nieve. Elemento primordial para nuestra supervivencia y la de los paisajes esculpidos por la naturaleza o labrados  por los humanos y la biodiversidad que la habita. En nuestra ruta de la segunda quincena de enero 2021, con el permiso de la meteorología y con las cimas más emblemáticas de Alicante vestidas de blanco, en el día de la festividad de San Antonio de Padua, descubrimos dos fuentes: “Font del Baladre” y “Font de l’Anficosset”, rincón encantador para meditar y relajarse, así como de las fantásticas vistas panorámicas desde la “Penya del Frare”.

Una ruta que se puede realizar de forma circular (a partir del poblado de Edad de Bronce, la mayor parte es por camino asfaltado o carretera) o lineal (regresar por el mismo camino de ida). Nosotros optamos por la primera, con 12 kilómetros que realizamos en 5 horas con paradas.  

Os remitimos a continuación las recomendaciones de rigor y avisos importantes a tener en consideración: 

RECOMENDACIONES Y AVISOS

Nos desplazamos hasta la bonita pedanía de Muro de Alcoy: Turballos, Dejamos el coche en uno de los dos aparcamientos cuya ubicación os indicamos en el siguiente enlace: 

ENLACE PARKING 

Nuestro itinerario empieza en este punto, dejamos la Font del Baladre para retroceder y retomar durante unos metros la carretera. La cruzamos para seguir por un sendero estrecho de tierra. Pasamos por delante de la caseta en ruina del tren Muro-Cieza. Llegamos a un primer poste indicativo, seguimos por la pista hacia la “Penya del Frare”. 

Conforme vamos ganando altura, vislumbramos las cumbres más altas todavía con nieve. Un primer túnel, que pasa por debajo de las vías del tren, nos traslada a la otra parte, para seguir por la derecha, nuestro trayecto. Emprendemos enseguida por un caminito pedregoso a la izquierda una subida en zig-zag.

Desde las vías del tren, tenemos una panorámica diferente de la zona debido a la cortina de bruma y de humo de las hogueras matinales. Precaución! Las vías no tienen barreras y el tren suele pasar por allí.   

La subida no es difícil, el sendero aunque pedregoso, no entraña demasiado esfuerzo. El brezo y el romero  están repletos de nuestras amigas las abejas. Nos fascina observarlas! Un gozo. Encontramos inmensas rocas donde se incrustan los arbustos en algunos tramos. Empezamos a divisar el paisaje desde más altura.

Gracias a los hitos, andamos el camino por un bosque. Esta ruta sería ideal para los meses más calurosos. 

En pocos metros alcanzamos la explanada de la “Penya del Frare”. Un enclave que nos ofrece vistas de 360 grados y unas panorámicas espectaculares con el castillo de Cocentaina a lo lejos. Un contraste de paisajes a ambos lados de la peña.

Retomamos el sendero hasta desembocar en un camino mas ancho, seguimos por el segundo de la izquierda, aunque cómodo, se vuelve más pedregoso. La naturaleza nos sorprende con enormes rocas esculpidas por la erosión que nos permite adivinar figuras, cada uno lo interpreta a su entender. No debemos perdernos el pequeño sendero a la derecha para dirigirnos a la “Font de l’ Anficosset”.

Como en un cuento de hadas, la senda nos acerca a las paredes de las rocas, en medio de un bosque, que abre de ves en cuando unos claros que nos permiten abrir una ventana al inmenso valle. 

Poco a poco, vamos bajando y subiendo en algunos tramos de pedrera, descubriendo las huellas de cabras montesas en el barro y los charcos todavía intactos de hielo o nieve. Hongos sobresalen de troncos secos. 

Llegamos a la “Font de l’Anficosset”, un lugar tranquilo que invita a la meditación. Una balsa acompaña al chorro sobre una teja. La luz juega y dibuja  en  el agua  una litografía, un peculiar espejo, donde todo  se refleja.

Próxima parada; el poblado de la Edad de Bronce, no sin antes, asombrarnos ante la belleza de una curiosa roca, semblante a un sarcófago

Andamos el camino y siguen sorprendiéndonos el sembrado de rocas que de cerca o de lejos nos encontramos.  En los márgenes del sendero, se hallan charcos de hielo y algún que otro montículo de nieve que ha resistido a la mañana y al viento. Un panel indicativo nos señala La Mola, muy cerca  del emplazamiento del poblado en ruinas. 

El enclave es precioso y según nuestra opinión, merecería ser más protegido, para preservar este sitio histórico de la Edad de Bronce. Desde aquí se logra una fantástico retrato de la población de Agres. Un asentamiento acogedor, que nos depara vistas sorprendente desde muchos ángulos. 

Aquí nos comimos nuestras vituallas antes de emprender el camino de regreso. Como hemos comentado anteriormente, los que lo prefieran pueden volver por el mismo trayecto que el de ida. Nosotros  proseguimos para hacerlo circular.  Un pequeño sendero pedregoso se convierte en camino de tierra cuyo final es la carretera, no obstante la caminata no es aburrida, siempre admiramos nuevos paisajes.

Y amigos: ¿Quién ha visto a un perrito unicornio? ¿y a un gatito posicionándose presto a saltar?. Unas fallas en el terreno arañan la montaña.  

Tras dos kilómetros y medio aproximadamente, volvemos a retomar una pista para dirigirnos al parking. No sin antes visualizar desde las vías del tren, la “Penya del Frare” y ver otros dos túneles, acompañados por campos de olivos en buena parte de este último tramo del trayecto.

Solo nos quedan unos treinta y cinco minutos para dar por finalizada esta fantástica, entretenida y fácil ruta recomendable para toda la familia y mascotas (Lastima que  nuestra Fosca no pudo acompañarnos esta vez por encontrarse un poco cojita, achaques de la edad). 

En los siguientes enlaces, disponéis de nuestras fotografías en Facebook y videos de los tracks en Relive y Wikiloc: 

FOTOGRAFÍAS FACEBOOK 

RELIVE 

WIKILOC

Hasta la próxima aventurer@s!!!!