El castillo de Loarre

Quien tiene nostalgia de tiempos medievales, encuentra en el Castillo de Loarre,  un tesoro a la reminiscencia de aquella época. La fortaleza románica mejor conservada de Europa, domina una inmensa planicie desde el siglo  XI. Emplazamiento privilegiado, testigo de la Historia de historias pasadas, plasmando algunas de ellas en películas o series, decorada para ser el escenario perfecto, para otras como la más conocida: Kingdom of Heaven (el Reino de los Cielos) de Ridley Scott. Una visita imprescindible en tierras de Huesca, tras la ruta de los Mallos de Riglos

Dispone de un parking gratuito, te dejamos a continuación el enlace a sus coordenadas, así como las recomendaciones de rigor y avisos importantes a tener en consideración antes de emprender actividades de senderismo. Para tu información, se paga la entrada, hay varios precios dependiendo, si la visita es por libre o con guía y si se realiza en grupos. Nosotros la realizamos por libre y nos costó 4.50€ por persona. Cerca de la venta de tickets, se encuentra un bar/cafetería.  

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Desde el parking hasta el punto de información es corto, pero sin sombra. Todo el itinerario está bien señalizado y nos dan la opción de descargar una estupenda audio guía en varios idiomas.

Podemos imaginar al llegar a su puerta de entrada, el porqué de su ubicación, domina literalmente todo a su alrededor. Las vistas son impresionantes. El castillo impone.

Nos adentramos para empezar un recorrido por el medievo. A partir de ahora, podemos dejar ir la imaginación al filo de nuestra visita en esta magnifica fortaleza legendaria que abrita muchos misterios.

Sobre estas tierras en aquel entonces musulmanes, a principio del siglo XI, el rey de Pamplona Sancho el Mayor, llamado el emperador de los hispánicos, hizo construir las bases de esta fortaleza para salvaguardar sus tierras y parar los avances de sus enemigos. Fue el monarca más importante de esa época.

El castillo fue construido en varias fases. La primera, a principio del siglo XI, los arquitectos hicieron una estructura de estilo lambar, luego durante el reinado de Sancho Ramirez, en 1071, lo ampliaron y tomo dos funciones, el de fortaleza y abrigo. Más tarde, con Pedro I, desde aquí salieron las tropas aragonesas para conquerir la ciudad de Bolea, que era musulmana, lo consiguieron en 1101.

La torre albarana, separada del edificio principal, servía de torre de guet, para vigilar el castillo y de campanario a la antigua iglesia del pueblo. Doscientos años más tarde, se volvió a ampliar. Las formaciones rocosas, elemento defensivo, lo más importante del conjunto para proteger al pueblo de Loarre de eventuales pillajes.

En esa época, la corona de Aragón se extendía hasta Valencia y Mallorca. Los musulmanes no representaban, entonces, ninguna amenaza. La pared imponente de un metro cincuenta de ancho ( en cuyo interior se pudo hacer un estrecho camino de ronda), es reforzada por una torre grande rectangular y nueve semicirculares.

Subimos una pequeña rampa para detenernos en la puerta principal de entrada. Es magnifica, con motivos decorativos, se pueden observar monos, que ilustran las reglas que se debían respetarse imperativamente: ver, escuchar y callar. Un caballero con una espada y un escrito funerario.

Se accedía por esta escalinata. La parte central para los nobles y los laterales para los soldados. A la derecha, se encuentra una cripta con una pequeña puerta, con símbolos y crismo ( como principio y fin de cada cosa).

Llegamos al final de las escaleras y giramos a la izquierda. Aquí se encuentra la iglesia. Capilla real, el lugar mejor conservado de esta fortaleza, dotada de una riqueza con gran valor artístico y arquitectural. Dedicada a San Pedro. Su cúpula atrae la atención, así como los juegos de luces de los rayos de sol por sus ventanas. Columnas embellecidas de marquesinas decoradas con figuras diferentes y originales, hay más de ochenta y cuatro. En el fondo de la iglesia, se aprecia la roca a su interior, que servía en el primer castillo de pared exterior.

Una parte del castillo sirvió de Monasterio hasta el final del siglo XI. Otras salas servían de alacenas, depósitos o incluso de calabozo.

Subimos para visitar la parte alta del castillo. donde se pueden observar las primeras obras originales del castillo. El Ciborium. La sala capitular y una cisterna que parece un pozo. Esta parte del castillo de uso militar.

Cabe destacar, una estructura, antiguamente con tres niveles, que albergaba los dormitorios de los soldados. Se observan varias chimeneas, algunas se piensa que para la cocina del castillo y otras para calentar.

Desde este nivel, tenemos unas vistas impresionantes de la zona y de las torres. La torre del Homenaje es la más alta del castillo, de más difícil acceso, mejor conservado, era parte del castillo de origen de la época de Sancho III. Existía una pasarela de madera que se podía quitar para evitar la entrada a enemigos, hoy es de piedra.

Una curiosidad. A principio de los años 1980, iniciaron unas excavaciones a la base de la torre, revelaran la existencia de un túnel que se extendía en la fase norte interior. Se hizo en el caso de asedio del castillo y que sus habitantes se hubiesen visto obligados a escapar. Los arqueólogos solo pudieron proceder a excavar una longitud de 8 metros. Se ignora cual es su total. Se trata del secreto mejor guardado del castillo de Loarre.

En aquella época, aquí terminaba el reino de Aragón, más al sur estaba el territorio de Al Andaluz. Esta increíble fortaleza se erigió a un día de caballo de Jaca, antigua capital del reino y donde se encuentran enterrados los primeros reyes de España.

En la iglesia del pueblo de Loarre albergan y conservan una parte del patrimonio como las pinturas y esculturas de su castillo. Terminamos la visita al monumento más interesante de la época romana europea, que fue a la vez castillo, fortaleza, monasterio y palacio real. Loarre marcó la frontera entre cristianos y musulmanes.

Jarcha, un pequeño verso de la época:

Mi amigo, no te alejes de mi, que haría y que sería de mi si me dejas, que haría y que advendría de mi. Habibí

Una escapada imprescindible y muy recomendable para trasladarnos a un pasado primordial, en un lugar privilegiado que nos deleita con unas vistas que en su punto más alto, el Puchilibro y con un día claro, dicen se adivinan las torres del Pilar de Zaragossa. Un lujo.

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Hasta la próxima aventurer@s!!