Briançon

Tras pasar por le Vieux-Lyon y el Col de Lautaret (2058m), los paisajes de montaña, en este mes de junio del 2023, subyugan con sus contrastes hasta llegar a la bonita ciudad de Briançon. «Ha sido galardonada con el sello «Ville d’Art & d’Histoire» (Ciudad de Arte e Historia) y figura en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO por sus fortificaciones, ejemplos únicos de arquitectura militar de montaña en Europa, además de ser la ciudad a más altura de Francia.» Una visita corta, debido al poco tiempo disponible, pero amena de esta pintoresca villa, nos transporta a otros tiempos, con sus innombrables antiguos relojes de sol. Tras el alto, prosigo el trayecto por los puertos de Col d’Izoard (2361m), con el refugio Napoléon, y el  Col de la Platrière (2220m) y Casse Déserte, que conducen hasta les Prats Hauts.  

Situada en los Altos Alpes, la ciudad vaubense de Briançon, encaramada a 1.326 m de altitud, se encuentra en la confluencia de cinco valles: Haute-Durance, Guisane, Clarée, Ayes y Cerveyrette. Los glaciares, escultores de las montañas, esculpieron en su día esta encrucijada geográfica. Un pedazo de roca, resistente a la erosión, fue colonizado por los primeros «habitantes de las alturas», los brigianii. Los romanos fundaron la ciudad de Brigantio, escala de la Vía Domitia que unía Italia y España. La estructura radiante de estos valles permitía a la ciudad un acceso relativamente fácil al mundo exterior: Provenza, Queyras, Isère, Saboya y la actual Italia. En la Edad Media, se convirtió en un próspero centro comercial que acogía ferias internacionales en pleno corazón de los Alpes…

 En 1343, introdujo un sistema de gobierno sin precedentes en la época, los «Escartons», una original organización social que otorgaba a los valles cierta autonomía de gestión.

En el siglo XVIII, Briançon se convirtió en el guardián de las fronteras con la construcción de su barrera fortificada, modelo excepcional de obra militar de montaña. (Fuente: https://www.ville-briancon.fr)

Una obviedad a no perderse es pasear por la ciudad en busca de los relojes de sol, que dan la hora a los transeúntes y decoran las fachadas. El tiempo se detiene un instante bajo la fascinación del paseante, sorprendido por la reminiscencia de estas obras de arte.

Además, las estrechas calles y plazas conjugan pasado y presente, combinando multitud de colores en sus edificios, obsequiando al turista, detalles casi inadvertidos de vestigios casi ocultos. 

Sin ninguna duda, el personaje histórico clave ligado al Fort de Briançon es Sébastien le Prestre (1633-1707), marques de Vauban, era un especialista de la técnicas de asedio y de fortificación. Perteneciente a la baja nobleza, conoce una carrera rica pero agitada al servicio del Rey Sol, para el cual ejerce sus talentos de ingeniero militar. Más que un experto en poliorcética, el arte de asediar las ciudades es también al origen del concepto del «pré carré français», una red de fortificaciones y de obras militares que protegían las fronteras del reino. 

Situada en una posición estratégica, la ciudad alta de Briançon, encaramada en un peñasco rocoso, es una fortificación de montaña única. Rodeada de murallas diseñadas por Vauban, está coronada por fuertes de gran altura que la hacen inexpugnable.

Este lugar majestuoso e imponente permite comprender la genialidad de las adaptaciones realizadas por el célebre ingeniero militar de Luis XIV.

Aunque muchas de estas obras se terminaron después de su muerte, se construyeron según sus principios hasta 1734. Siete obras situadas en el municipio han tenido el privilegio de obtener este reconocimiento habida cuenta de su autenticidad, su estado de conservación, su representatividad y la política de valorización a la que están sometidas. Las murallas y los conjuntos intramuros: la colegiata, la plaza de Armas y los dos polvorines. Este conjunto, diseñado por Vauban durante sus visitas a Briançon en 1692 y 1700, fue construido para mejorar las defensas de la ciudad tras las incursiones del duque de Saboya. (Fuente: www.ville-briancon.fr)

Ejemplos de aquello: Le Fort des Salettes, le Pont D’Asfeld, le Fort des Trois Têtes, le Fort Dauphin, le Fort du Randouillet, la communication Y.

Ahora, el viaje continua por carretera serpenteante para alcanzar los puertos de montaña: le Col D’Izoard, con el refugio Napoléon; Le Col de La Platrière y Casse Déserte, con magnificas panorámicas que alternan valles, cascadas, montañas nevadas. con paisajes lunares…

Pronto alcanzo les Prats Hauts, donde me alojo en el Chalet La Vie Sauvage para iniciar desde este precioso enclave, una maravillosa aventura de cinco días «Au pas de l’âne dans le Queyras«, experiencia de senderismo de Terres d’Aventure, acompañada de la simpática burra Princesse…

 

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Hasta la próxima aventurer@s!!!