Bouziès – Chemin de Halage – Saint Cirq Lapopie – Bouziès

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Hoy, nos acercamos a la montaña de forma distinta, escrutando sus esculturas. Tras visitar Saint Antonin Noble Val, nos acercamos a Bouziès, punto de partida del «Chemin de Halage» hacia el pueblo medieval de Saint-Cirq-Lapopie; una de las poblaciones más bellas de Francia. Un espectacular tramo excavado en los acantilados, nos abre camino hasta la esclusa de Ganil, Déjate seducir por este encantador paseo, en un entorno natural, a orillas del río Lot, donde la magia embriaga de sensaciones.  

A continuación, os indicamos el enlace a las recomendaciones de rigor y avisos importantes a tener en consideración, antes de emprender actividades de senderismo, así como la ficha técnica:

Saliendo de Bouziès, el aparcamiento es de pago (3€ al día). Bien acondicionado, con servicios y mesas para picnic. Un lugar muy relajante. Seguidamente, os dejamos las coordenadas donde aparcamos el coche: 

APARCAMIENTO COCHE

Desde este enclave, observamos el puente y las paredes imponentes de la otra orilla del río. Aquí se encuentra el embarcadero

Iniciamos la ruta por un sendero a la derecha siguiendo los paneles informativos. De inmediato, nos dan la bienvenida unas esculturas y el viejo puente ferroviario, que se integran perfectamente en este paisaje. 

El camino es cómodo, tras los dólmenes creados por los hombres, la naturaleza nos descubre sus obras talladas en la roca, así como su mejor vestimenta otoñal.

Bordeamos impresionantes paredes, que nos conducen al principio del Chemin de Halage.

Las obras se iniciaron el 30 de junio de 1843. Le Chemin de Halage era utilizado por los caballos para permitir que las gabarras o embarcaciones de fondo plano viajaran río arriba. Esta navegación permitía el transporte de mercancías locales entre Burdeos y Decazeville: arena, madera, cereales, vino, ciruelas secas, pero también las producciones de los torneros, más concretamente los grifos de las barricas de vino. (Fuente: www.bouzies.fr)

Este abrigo nos ofrece un paseo bucólico a orillas del río Lot, donde se reflejan y resplandecen las plantas y arboles de su entorno


De 1985 a 1989, el escultor de Toulouse, Daniel Monnier creó el bajorrelieve en el muro del Chemin de Halage que representa a su manera la vida del río en su entorno, con su fauna, su flora y sus fósiles.

En 1926, el río Lot fue desclasificado como río navegable y desde 1990 está rehabilitado para la navegación de recreo.

Desde esta primera esclusa, la de Ganil, las imágenes son fabulosas. Seguimos y nos envuelve ahora la umbría de los arboles.

Continuamos disfrutando del entorno, sin perder un ápice de las esculpidas paredes, el ensanchamiento del río y la flora colorida que esboza el camino.

Cada cual, interpreta a su manera, las formas, nosotros, nos pareció ver un elefante a lo lejos. A lo largo del río, se esconden varias construcciones. Giramos a la derecha en la bifurcación. Al llegar a la carretera, seguimos por nuestra izquierda.  

Ya vislumbramos la iglesia de Saint Cirq Lapopie. Alargamos un poco la marcha hasta el molino, donde se encuentra la segunda esclusa de nuestro itinerario. 

Regresamos unos cuantos metros sobre nuestros pasos, para subir por un sendero indicado por unos postes, tras los pasos de André Breton, famoso poeta, escritor, ensayista y teórico del surrealismo del siglo pasado.

Un autentico pueblo de postal. Si más cabe, el colorido otoñal,  le confiere un halo de paz y tranquilidad. Vuelta a lo medievo. Reminiscencia de un pasado que ha dejado huellas en calles, casas e incluso su atmosfera. 

El pueblo se sitúa en un promontorio, donde culminan la iglesia, su capilla data de la segunda mitad del siglo XI y unas torres en ruina con unas vistas privilegiadas del río Lot y los caminos colindantes. Cuenta con trece monumentos históricos catalogados. Andamos una vez más sus callejones para descubrir tesoros escondidos.

Siguiendo las indicaciones de los postes, nos dirigimos hacia el chemin de Halage, despidiéndonos del pueblo, por un  pequeño sendero. La curiosidad, nos puede y nos asomamos, con mucha precaución, por unas rocas, un mirador inesperado, espectacular para disfrutar nuevamente de las maravillosas vistas. 

Reemprendemos la vuelta por la carretera, hasta el camino de ida a nuestra derecha. Tenemos otra perspectiva del acantilado con la luz que empieza a decaer. 

Algunas paredes están plagadas de cuevas. Han servido como escondites o refugios. «El más grande está reforzado por una muralla almenada: es el «Château des Anglais», fortificado durante la Guerra de los Cien Años. La carretera que pasa por debajo de las rocas con ménsulas, conocida como el «défilé des Anglais», es extremadamente pintoresca.» Al llegar al parking, aprovechamos para visitar la población 

Bouziès es un pueblo sosegado, acogedor y ornamentado, como lo indica el panel a la entrada. Nos hipnotiza cada instante, con sus mariposas y abejas azules, sus lagartijas y sus tapetes florales, con suaves tonalidades. 

Un recorrido corto por el poblado y su puente nos regala momentos de sosiego. 

Una ineludible parada, que seduce a quien lo visita. Os sumergiréis directamente en la época medieval, en los callejones, testigos de su historia, entre casas que datan de los siglos XII al XV. Hechizados a cada rincón encantador y como André Breton afirmo: “He dejado de querer estar en otra parte”.

 

Os dejamos, a continuación, los enlaces a nuestras fotografías en Facebook, y los tracks de Wikiloc y Relive:

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Hasta la próxima aventurer@s!!!